Jorge Pinos regresa a Guayaquil tras consagrarse en Sudamérica

Todo lo que rodea a Jorge Pinos tiene matices de realismo mágico. Su historia parece sacada de un libro. Pasó de ser chofer en Manabí y vender mangos en un circo a coronarse campeón de la Sudamericana. El quevedeño es una prueba fiel de que el esfuerzo tiene su recompensa. Estuvo a punto de retirarse del fútbol, pero no se dejó vencer. Eso sí, se envolvió en una serie de polémicas que lo único que hicieron fueron darle otros tonos a su historia.

Su salida de Técnico Universitario, a finales del 2018, generó un escándalo que tuvo repercusiones internacionales. El golero dejó al cuadro ambateño tras presentar una denuncia de una supuesta falsificación de su firma. Pasó a un ‘club fantasma’ llamado Norte y Sur de Guayaquil para después poder ser fichado por Independiente del Valle.

Eso de sufrir para Pinos no es nuevo. Estuvo en Barcelona SC en el 2012, pero no pudo debutar. Siguió su carrera en equipos de la Serie B y de la Segunda Categoría. Fue engañado con un supuesto traspaso al fútbol de Hungría. Estuvo tres meses en una ciudad en Panamá y tuvo que regresar.

Vivió de cerca el terremoto del 2016. Mientras esperaba volver a jugar tuvo que ocuparse en otros trabajos. Fue chofer para un medio de comunicación. También peregrinaba de circo en circo vendiendo mango. Necesitaba ganar dinero par darle de comer a su hijo.

Santa Rita, en la Serie B, le dio la oportunidad de volver al fútbol. Hizo una buena campaña y dio el salto inmediato a la Serie A. Debutó en Técnico Universitario. Jugó su primer cotejo en la máxima categoría cuando tenía 26 años.

Pero sin duda, su mejor año fue el 2019, cuando se consagró campeón de la Copa Sudamericana. Vivió un partido épico atajando un penal en la final ante Colón de Santa Fe y siendo uno de los principales héroes de los rayados en toda esa campaña.

“Fue algo único. Sabíamos que nos jugamos todo por el todo. Mucho de nosotros no habíamos estado en estas instancias en Sudamericana o Libertadores. Sabíamos que es el partido más importante de nuestra vida. Ese fue mi primer tornero Conmebol”, dijo el técnico.

Con los de Sangolquí aprendió a jugar con los pies. Perfeccionó su técnica, que le permitió jugar al año siguiente Copa Libertadores y ser clave en la clasificación a octavos de final. Con Independiente jugó 37 partidos en la Serie A y 19 en torneos de la Conmebol.

Pero una lesión en la mano derecha lo dejó en K.O. El quevedeño pasó de ser figura a ser relegado a la suplencia. Mosiés Ramírez, con 19 años, fue ganando más espacio hasta ser el titular indiscutido.

Su recuperación tardó más de la cuenta. Le afectó en lo psicológico esa suplencia. Si bien se curó de la lesión, no volvió a ser el mismo. Esa era la señal de que tenía que cambiar de club. Pero no es la primera vez que le pasaba. En el 2016 lo sacaron de la Liga de Portoviejo sin explicaciones y tuvo que resistir.

“Hubo momentos muy difíciles en mi carrera. Llegué a desesperarme y llorar porque no jugaba. En el 2016, en Liga de Portoviejo, la nueva directiva sacó a varios jugadores, entre ellos estaba yo. Encontré en mi familia y mi esposa ese respaldo que necesitaba. Me tocó buscar otro rumbo”, explicó.

Ahora le llegó su chance de volver a Guayaquil. Ciudad donde dio sus primeros pasos como golero. El 9 de Octubre lo fichó para darle competencia a Edisson Recalde, el un viejo conocido en Independiente del Valle.