Julio César Castillo, el abanderado que pelea con el tabique fracturado hace seis años

En la antigua Roma, llevar el nombre de Julio César era sinónimo de grandeza. No todos lo podían tener, porque implicaba, para la época, una gran responsabilidad. Así se llamaba el gran emperador que logró conquistar miles de kilómetros por toda Europa.

Casi 2000 años después, a miles de kilómetros de lo que fue el imperio más grande de la historia, nació un guerrero digno de portar ese nombre. Se trata del boxeador Julio César Castillo, que se ha forjado a puro golpe su carrera. Y no precisamente los que da y recibe en el cuadrilátero, sino los que la vida le ha dado.

Consiguió su clasificación a Tokio 2021 tras un duro ciclo olímpico que implicó frustraciones. Al punto de sentirse perjudicado por los jueces y privado de colgarse el oro. Le sucedió en los Bolivarianos y en los Panamericanos. Esas ‘injusticias’, como él las llama, le hicieron más fuerte. Pero también tuvo momentos de debilidad. Estuvo a punto de retirarse del boxeo, de colgar los guantes y girar la página sin haberle puesto el punto final de su historia.

Era una idea que rondaba por su cabeza justo unos meses antes del Mundial de Rusia. El esmeraldeño sentía impotencia. Sin embargo llegó a la final de ese torneo y consiguió ser segundo y ratificar  su estatus de leyenda. Ahora tiene una nueva oportunidad, quizá la más importante de su carrera, por tratarse de sus terceros Juegos Olímpicos y quizá los últimos.

“Si Dios y la vida me dieron la oportunidad de llegar tan alto, créame que la oportunidad de poder volver a estar en otros Juegos Olímpicos no la voy a desaprovechar para nada”, dijo Castillo.

Así como en la vieja Roma respetaban y admiraban a Julio César, el tricolor de 33 años también se ha ganado su lugar en la élite olímpica. Es uno de los abanderados de la delegación. Un reconocimiento que se lo ganó a puro esfuerzo.

Castillo, más conocido en su barrio como ‘La Yula’, se ha preparado con rigor y disciplina durante el 2020. La pandemia le obligó a doblar esfuerzos, porque no hubo competencias y además necesitaba mantener el ritmo para llegar bien a Tokio.

El púgil esmeraldeño pelea con el tabique fracturado desde hace seis años. En Cuba recibió un fuerte golpe que le desacomodó la nariz y en Venezuela se volvió a resentir de esa lesión. Los médicos le dieron tres opciones. La primera era operarse, retirarse del boxeo y no hacer nada y seguir en los cuadriláteros. Él escogió la tercera y ahora es uno de los más experimentados peleadores del continente.

Ahora en su meta es conseguir una medalla olímpica. Ese es su anhelo y confía en alcanzarlo. Conoce a sus rivales. Ya los enfrentó en Rusia y sabe cuáles son sus debilidades.

“En Tokio 2020 volveremos a enfrentarnos con los mismos rivales que estuvieron en Rusia. Se vio que el nivel es parejo, a nosotros nos faltó un poco más”, dijo.