El colombiano Anthony José Zambrano ganó este jueves en Japón la medalla de plata en la final de 400 metros planos. Con un gran final de carrera, donde remontó varias posiciones en los últimos metros, Zambrano entró en la meta en 44,08 segundos, apenas unas décimas detrás de los 43,85 segundos del corredor de Bahamas Steven Gardiner, quien se llevó el oro.
En un estadio aún con menor emoción y personas en las gradas de lo normal en estos Juegos atípicos, Zambrano salió mirando al cielo, exhibiendo sus músculos y con la actitud de vencedor. En los primeros 300 metros, no obstante, parecía como si el Olimpo se le escapara de las manos; pero el colombiano echó mano de su característico sprint final y consiguió el mejor tiempo de su carrera, levantando a sus compatriotas al cruzar la línea de meta.
El velocista colombiano consiguió su objetivo, por el que venía trabajando desde el 2015, cuando fue séptimo en la misma carrera, pero en el Mundial de Menores de Cali. Un año después, el atleta guajiro hizo parte de la Selección Colombia en el Mundial Juvenil de Polonia en el que quedó en la sexta casilla, un objetivo más superado por el deportista de 23 años.
Luego de dos años negros en los que se alejó del atletismo, Zambrano remontó el camino, volvió a los entrenamientos y a enfocarse en sacarle jugo a todo el potencial deportivo que tiene. Así fue que hizo parte de la delegación colombiana en los Juegos Panamericanos de Lima en el 2019 y allí consiguió el oro en los 400 metros planos.

En Doha se convirtió en el primer medallista colombiano en un evento de pista en un Campeonato Mundial de Atletismo. Pero nada llegó gratis. Ambas medallas le saben a oro por los sacrificios que tuvo que hacer para lograrla. Desde 2017, Zambrano se ha preparado en Quito, que es donde vive, con la guía del cubano ecuatoriano Nelson Gutiérrez, en la pista de Los Chasquis, en La Vicentina. Allí también se prepara junto con otros velocistas como el también medallista mundial Álex Quiñónez.
El cafetero vive en el valle de Los Chillos. Reside en la casa del fisioterapeuta cubano Caridad Martínez. El especialista le lleva todos los días en su auto a la pista de Los Chasquis, en la Vicentina. Otras veces, toma un bus para acudir a los entrenamientos donde se prepara con Quiñónez, Ángela Tenorio, Marizol Landázuri y los mejores velocistas ecuatorianos.

El medallista olímpico colombiano, el primero en lograr una presea en atletismo para su país, nunca conoció a su fallecido progenitor. A un mes de nacido, su madre -Miladis Zambrano- dejó la Guajira para radicarse en Barranquilla. Ahí, para ayudarla, hizo tareas de albañil y de ‘bicitaxismo’ hasta que fue captado por sus condiciones atléticas.
Al entrenador Gutiérrez siempre le sorprendió la capacidad de su pupilo. Desde que lo vio supo que tenía un proyecto para medallista mundial. El caribeño ha pulido su técnica. Considera que su capacidad de rematar en los tramos finales es innata. Y así lo demostró en Tokio.

