“Estar aquí y ser una atleta olímpica ha sido demasiado difícil. El camino para llegar acá fue muy largo. Gracias a Dios mis padres y mi entrenador me están apoyando a la distancia. Hay que seguir trabajando, hay que seguir luchando. Los sueños están ahí”. Estas fueron las palabras de Karla Jaramillo tras finalizar en el puesto 28 luego de cumplir un tiempo de 1:36:32 en la exigente prueba de los 20 km de marcha en los Juegos Olímpicos de Tokio.
Sí, así cómo lo leyó. El entrenador de Jaramillo se quedó en Ecuador. “Una comisión decidió a qué entrenadores llevar a las olimpiadas. A Glenda Morejón y a Karla Jaramillo las entrené y les clasifiqué, pero decidieron no llevarme. Fuimos campeones panamericanos con ellas. Via WhatsApp dirijo los entrenamientos”, expresó Giovan Delgado, entrenador.
La ausencia de su entrenador golpeó y eso se vio reflejado en el rendimiento de la tricolor. “No es excusa, pero eso le afectó a Karla, porque ese no es su tiempo”, aseguró el entrenador. Más allá del mal momento, Jaramillo también tiene inspiraciones que la motivan durante las carreras.
Se trata de su hijo Omaet, a quien ella considera su motor. Es doloroso para una madre viajar a los entrenamientos o competencias, pero quiero cumplir mis objetivos por él también. Tengo que salir de casa a escondidas. Mi hermana que lo cuida cuando yo no estoy, me comenta que cuando mi pequeño regresa a casa y no me encuentra dice: “se me volvió a escapar”, señaló antes de competir.
Jaramillo agradece a la tecnología para que siempre pueda estar en contacto con su hijo. Y, a forma de cábala, la marchista lleva fotografías de su hijo en su celular. Pero, valió la pena. Jaramillo entrena desde los 6 años y el día que recibió la noticia de que se convirtió en atleta olímpica fue uno de los más felices de su vida.

La deportista lleva una larga amistad con Glenda Morejón, marchista tricolor, quien no pudo terminar la carrera de los 20 km por molestias físicas. Nos conocemos desde que ella tenía cuatro años y yo seis. Iba a correr en nuestra escuelita de atletismo, Tarquino Jaramillo en Ibarra. Hace dos años nos separamos, ella se fue a entrenar a Cuenca. Es muy difícil hacer amistad fuera del atletismo, porque entrenamos a tiempo completo”, aseguró.
La pandemia también golpeó. La marchista imbabureña, de 24 años, vive en el sector rural La Esperanza, ubicado a una hora del centro de Ibarra. Hasta antes de la emergencia sanitaria, todos los días se dirigía en bus para entrenarse con el técnico Giovan Delgado, junto a otras compañeras del grupo.
Durante el confinamiento, las actividades físicas y de fortalecimiento muscular los realizó en la sala y otros espacios de su casa, con horarios de 08:00 a 10:00 y de 17:00 a 18:00. Para precautelar su salud y la de su familia no se ha entrenado fuera del hogar en los últimos 79 días.
Además, Jaramillo disfrutó de la naturaleza mientras estuvo encerrada. Se considera una amante de la flora y fauna. La Esperanza le permitió relacionarse con el campo y los animales. Actualmente, tiene 13 gatos y dos perros.
Pese a su corta edad, su carrera está plasmada de éxitos deportivos. Ganó una medalla de oro en 20 km de caminata en el Campeonato Sudamericano de Atletismo de 2019, estableciendo el récord ecuatoriano y el récord sudamericano en 20 km de caminata en pista.

