¡Vaya momento del fútbol ecuatoriano! Ahora, no solo se exportan jugadores, sino también dirigentes y hasta entrenadores. Siempre hablamos de los males del fútbol local (malos arbitrajes, malas canchas, la inefectiva repartición de los dineros de la televisión). Pero, a veces, nos olvidamos de resaltar los buenos modelos, los buenos ejemplos, las prácticas que nos hacen abrigar la opción de un cambio.
Luis Roggiero tiene 36 años. Es economista, graduado en la Universidad de Wisconsin-Madison. Tenía una empresa de analítica deportiva llamada Futbolmetrics. Fue integrante de la Comisión de Fútbol de Independiente del Valle y después su Gerente Deportivo, hasta finales del 2021. El exitoso modelo de los rayados fue una vitrina para él y ahora es el Gerente de la Universidad de Chile. Ahí, ya empieza a mostrar pincelazos de sus conocimientos y de las decisiones que toma, amparadas en dos conceptos claves: el análisis del dato y la interpretación humana del mismo.
El joven directivo no se fue solo a su expedición al cuadro araucano. Hay otros viejos conocidos del fútbol ecuatoriano que lo acompañan en la ‘U’: Santiago ‘Sachi’ Escobar como técnico y Hernán Galíndez, como golero, ambos exintegrantes de Universidad Católica. También está en el equipo, el boliviano José Carrasco, que jugó poco, pero fue campeón con Independiente.
Pero, Roggiero no los llevó allá porque fueran sus amigos o simplemente porque tenían buena onda: antes hubo un estudio, una interpretación y un análisis fundamentado que justificó su fichaje. Es que equipos como Independiente y ahora Universidad de Chile están haciendo una labor fundamental: achicar al máximo la posibilidad del error.
La receta del dirigente fue establecer un grupo de candidatos, basados en la idea de juego que el equipo quiere tener en el año. El siguiente paso fue mirar 15 partidos de los anteriores clubes de los aspirantes; además se requirió material audiovisual de sus entrenamientos. Solo pasados esos filtros, hubo entrevistas con los técnicos. Después de aquel proceso de dos meses, se pudo contratar a ‘Sachi’ Escobar, quien estuvo los últimos cuatro años en Universidad Católica de Quito.
Hace pocas semanas, Renato Paiva, el técnico portugués contó cómo fue su enrolamiento a Independiente. El proceso duró dos meses. Un tiempo similar al que le tomó a ‘Sachi’ Escobar quedarse con el cargo de DT de U. de Chile. Santiago Morales, gerente de los rayados, le cuenta a ÁREA CHICA, que más que nombres, buscaron características de entrenadores. El Departamento de Scouting se puso a trabajar desde mediados del 2020, cuando supieron que Miguel Ramírez no seguiría en el equipo. Ahí vino lo bueno: dos meses de un proceso que terminó en el fichaje de Paiva y que incluyó: entrevistas a exjugadores dirigidos por el técnico; observación de videos de entrenamientos, observación de partidos, entrevistas del técnico con los dirigentes para resolver preguntas referentes a lo táctico. ¿El resultado? Paiva fue el escogido y en su primer año fue campeón nacional.
Roggiero aprendió de la escuela de Independiente y hoy replica esas enseñanzas en Chile. El joven dirigente ecuatoriano es un apasionado del fútbol. Entendió que su lugar en la industria estaba del lado del análisis numérico, pero más que del big data, del small data. Según contó en el brillante Podcast Big Data Sports cuando era más joven leyó Soccernomics, un libro fundamental para entender la relación económica y de los datos con el fútbol, alejándolo de los mitos y preconceptos. La obra, escrita por Simon Kuper y Stefan Szymanski, lanza por los suelos una serie de creencias y prejuicios del fútbol y establece la gran relación de los números como aliados para tomar decisiones. Pero a Roggiero también le sirve de base otra estupenda obra llamada: La Señal y el Ruido, escrita por Nate Silver. El texto parte de la hipótesis de que estamos rodeados de datos, muchos de ellos inservibles. Que la capacidad o la diferencia están marcadas, precisamente, en separar la señal, del ruido.

Modelos como los de Independiente y ahora Universidad de Chile buscan precisamente eso: reducir al margen el error. Se puede ganar o perder, pero apostando así, al dato, a la conformación coherente del equipo, hay más posibilidades de éxito. Es que la pelota no entra dentro de las redes por azar. Se necesita trabajo.

