Angelo Preciado tuvo una vida de esfuerzo antes de gozar con la Tricolor. Nació en Shushufindi, en la Amazonía.
Siempre estuvo acostumbrado al clima caliente. Ahora juega en el Sparta Praga, en República Checa.
Un día, en un entrenamiento en su club, estuvo a menos 10 grados de temperatura.
Salió corriendo de la práctica para meterse en el jacuzzi.
Sentía miedo de no volver a sentir las piernas y brazos.
La historia de Preciado es una historia de superación y esfuerzo.
Ahora vive un gran momento en su equipo, con el quedó campeón nacional.
Además, quiere consagrarse en la Selección en la Copa América. Pero la vida nunca fue demasiado fácil.
Angelo Preciado tuvo una vida de esfuerzo antes de gozar con la Tricolor
El mayor ídolo de Angelo es su padre Ángel.
Desde pequeño, su progenitor le enseñó a pegarle a la pelota. Vivían juntos, porque sus padres se separaron.
El progenitor de Angelo quería que su hijo fuera futbolista desde pequeño. Por eso le puso en la escuela Tocua. A los 11 años le llevaron al Delfín de Manta, pero no se acostumbraba a vivir lejos de su papá. También vivió en Guayaquil. Luego regresó a vivir con don Ángel en Esmeraldas.
Después, Preciado se enroló en Independiente del Valle, donde destacó rápidamente.
Entonces, sobrevino la desgracia: su padre cayó detenido. El hecho marcó por mucho tiempo a Preciado, quien tuvo que ayudar a su padre a sostenerse durante su estancia en el presidio.
La madurez y el recuerdo de los orígenes
Preciado destacó en Independiente del Valle, en la temporada 2020 y luego se fue al fútbol belga.
Concretamente al Genk. En el equipo deambuló dos temporadas.
Estaba solo, se alimentaba mal, no manejaba el idioma.
La cosa cambió esta temporada cuando se fue prestado al Sparta.
Ahora, con su familia cerca, y con la confianza de todo el equipo, Preciado se siente fuerte para dar pelea.
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