Anahí Suárez quiere el oro panamericano para dedicárselo a Álex Quiñónez

Anahí Suárez extraña a su amigo Álex Quiñónez. Cada rincón de la pista de Los Chasquis lo recuerda. “Esa curva”, señala con sus dedos largos, vestida con ropa deportiva, diseñada con tecnología de la NASA, “esa curva era la de él. Ahí era donde más velocidad ponía. No sabemos porqué pasan estas cosas, pero él ahora es un ángel que nos cuida”, le dice la deportista de 20 años a ÁREA CHICA,  en una soleada mañana quiteña, en el escenario deportivo del sector de La Vicentina.

Anahí y Álex tejieron una amistad indestructible. Un nexo que iba más allá del recinto deportivo o las concentraciones. El combo se completaba con Angela Tenorio. Los tres estaban siempre juntos y no paraban de hacer bromas. “Íbamos juntos a los centros comerciales, compartíamos en la bodega en la que nos cambiábamos, en los entrenamientos. Yo siempre le decía al profe Nelson (Gutiérrez, el entrenador del equipo de atletismo) que Álex me estaba molestando. Él me decía: tú tienes la culpa que te pones a hacer bromas con él”, añade la velocista, llena de nostalgia. Esboza una sonrisa  y dice que quiere dedicarle un título a Álex. El 30 de noviembre competirá en los Juegos Panamericanos Juveniles de Cali, en los 100 metros. Después lo hará en los 200 metros y en relevos. Ella es una de las grandes cartas de Ecuador para la competencia internacional.

Anahí ha tenido que sobreponerse al dolor y a la ausencia. Álex fue asesinado el 23 de octubre, en Guayaquil y ella tuvo que entrenarse al día siguiente, el sábado 24, en Los Chasquis. Luego, con Angela y el entrenador Nelson Gutiérrez viajaron a Esmeraldas para el sepelio de su amigo. El lunes 25 estaba de nuevo en las pistas. Quería prepararse bien para cumplir una promesa a su amigo: ganar medallas en los Panamericanos de Cali.

Quiñónez siempre le aconsejaba que confíe más en su talento innato para la velocidad. Le picaba, la desafiaba. “Tú no ganas, porque no quieres, porque eres maricona (sic)”. “Yo le decía: eso lo dices tú porque eres Álex Quiñónez”. Pero Anahí empezó a creer más en sus opciones: en el Sudamericano Sub 23, realizado en octubre en Guayaquil, ganó oro en los 100 y 200 metros.

La mejor marca de la velocista es de 11:16 en los 100 metros y 23:18, en los 200.  En su escuelita, en el pueblo carchense de Chamanal, ya se destacaba en los torneos infantiles y juveniles. Cuando tenía 14 años, ojeadores de talento de Napo fueron a ver deportistas en su localidad para llevárselos a la provincia amazónica. Anahí quería ir, pero su madre Rocío la frenaba. Como buena mamá, buscaba argumentos para frenar el ímpetu de su veloz retoño. Le recordaba el miedo que Anahí tiene a las serpientes. Y le decía que en el Oriente hay muchas.

Pero Anahí persistió. Ella, que odiaba lavar los platos, un día le propuso a su madre la condición de que lavaría todos los platos de una fiesta, si es que la dejaba ir a Napo. Su mamá accedió al trato. Luego de un tiempo se arrepintió. Pero al final, los deseos de la deportista prevalecieron: estuvo por Napo, luego defendió a Azuay en competencias nacionales y en el 2017 llegó a Pichincha para trabajar con el entrenador Gutiérrez.   “Anahí es una superdotada del atletismo. Tiene un talento natural para el deporte. Nosotros queremos seguirla cuidando para que siga su camino al éxito”, dice Yourier Causillas, el asistente de Gutiérrez.

 

Anahí ganó el bronce en los Juegos Olímpicos de la Juventud del 2018 e integró el equipo de relevos de Ecuador en este año. Pide un favor antes de grabar un video promocional con ÁREA CHICA. ¿Puedo decir que soy atleta olímpica? Lo hace, casi susurrando. Su amigo Álex Quiñónez le pidió que siempre pise fuerte, que crea en sus condiciones. Ella empieza a creer en su talento. Cali será la primera prueba que enfrente sin el apoyo de su amigo. Pero ella siente que él la cuidará desde el infinito.