Que la Universidad Católica goce de un buen momento ya no es noticia en los últimos años. El equipo quiteño se acostumbró a ser protagonista desde su último ascenso en 2013. Desde 2015, el cuadro de la ‘Chatoleí’ ha participado en torneos internacionales, con cinco actuaciones en la Copa Sudamericana y con su último regreso a la Copa Libertadores este año.
El presente del equipo de Santiago Escobar es auspicioso: se ubica en el segundo lugar de la tabla de posiciones de la segunda etapa con 19 puntos, a tan solo dos unidades del líder, Independiente del Valle. Además, en la tabla acumulada ocupan la cuarta casilla con 44 puntos, asegurando, de momento, su presencia en una nueva fase de repechaje para el siguiente año en la Copa Libertadores.
¿Cuál es la receta para el éxito de la UC?
Juego colectivo y dinámico
Universidad Católica empieza la construcción del juego, casi siempre, desde el fondo. La afición futbolera ha admirado el fútbol de Escobar, no solo en el aspecto estético o en el aspecto táctico, sino también, en el aspecto individual, extrayendo lo mejor del futbolista, en el aspecto grupal. Otra clave es la alta intensidad ofensiva, con tendencia a buscar los duelos individuales en la última parte del proceso ofensivo.
Escobar invita a los laterales (Andrés López o Gustavo Cortez) a cerrarse en un punto de la línea de medios y abre sus extremos (Wálter Chalá o Jorge Valencia) para garantizar capacidad de combinación en el inicio y posteriormente aprovechar la amplitud para crear y finalizar la jugada.
Individualidades top
Lisandro Alzugaray llamó la atención en el segundo semestre de 2020 con la camiseta de Sociedad Deportiva Aucas. El atacante argentino demostró su exquisitez técnica al momento de dominar el esférico, driblar, eludir rivales y, sobre todo, sacar remates cruzados y letales para los porteros. Con este cartel llegó a la Universidad Católica.

Pero Alzugaray despertó otro instinto que lo tenía adormecido: el olfato goleador. El volante zurdo lleva 14 goles en 22 partidos jugados, siendo el futbolista con más goles de la UC (promedio de 0.64 tantos por cotejo). Además, el atacante convirtió un hat-trick frente a Independiente del Valle.
Confianza en los procesos
Santiago Escobar llegó a finales de 2017. El DT colombiano apostó por un proceso y ha defendido y respetado su vínculo con el equipo quiteño, pese a recibir tentativas ofertas como la del Atlético Nacional. Los hitos conseguidos por el entrenador no son pocos. En 2019 tuvo lugar la remontada en tierra chilena ante el grande Colo-Colo y la goleada ante el peruano Melgar clasificándose por primera vez a los octavos de la Copa Sudamericana.

El 13 de julio de 2019 se consiguió la mayor victoria, ante Liga de Quito por 5-1 en condición de visitante. En 2020 se consiguió la clasificación a la Copa Libertadores y este año continúa mirando desde arriba a sus rivales. En este proceso de cuatro años, además, ha puesto en vitrina a jugadores jóvenes: José Carabalí, Gustavo Cortez (fichado en Racing de Argentina), Jeison Chalá (fichado en Godoy Cruz), Jorge Valencia, Jesús Castillo, Luis Estupiñán.
Amor a la camiseta
Hay un denominador común en los jugadores que llegan a la Universidad Católica: no se quieren ir. Facundo Martínez y Hernán Galíndez son considerados instituciones dentro de la institución. El volante diestro llegó al club en 2008, mientras que el golero aterrizó en Ecuador en 2013. Ambos, capitanes y líderes, han comandado este exitoso proceso de la ‘Chatoleí’.

La UC ha dado espacio a jugadores que han sido desechados por otros clubes y encontraron su lugar para estar cómodos. Kevin Minda es el mejor ejemplo, exjugador de LDU que pedía a gritos oportunidades de sumar minutos. Christian Oña, Diego Armas y Juan Manuel Tévez pasaron por la misma situación.
Cero presión
Que la Universidad Católica pierda una fecha, entre en una mala racha o no genere peligro en algún partido no es sinónimo de preocupación o de tomar decisiones radicales. Los procesos se han respetado en el equipo quiteño debido a que no cuentan con una barra brava o una hinchada que mete presión en búsqueda de resultados positivos.
Aquí no cabe el exitismo exigente. Incluso, no tiene cabida la presión mediática que, en la mayoría de los casos, es peor que la del aficionado. Católica pasa desapercibida, trabajando en silencio. Se acostumbró a desbaratar los planes de los equipos grandes, eso que están llamados a triunfar a cualquier coste.

