Djorkaeff Reasco confirma que la fe y la paciencia tienen su premio. El delantero quiteño de 22 años pasó cerca de cuatro temporadas en la suplencia. Debutó en el 2016 ante Fuerza Amarilla y para colmo ese día salió expulsado y ante la mirada atenta de su padre Néicer, quien todavía jugaba.
Reasco luchó para ser tomado en cuenta. Pasaron dos tres técnicos (Gustavo Munúa, Pablo Repetto y Pablo Marini), se disputaron más de 100 partidos y él aguantó con paciencia.

Con Marini ganó protagonismo. Ayudó a que los albos se clasificaran a la Sudamericana. Eso le valió para llegar a la Selección absoluta. Gustavo Alfaro, técnico de la tricolor, lo observó atentamente. Le hizo un seguimiento especial en los cotejos de la LigaPro y en los de la Libertadores y Sudamericana. Al final se convenció de que era una opción en el ataque de su equipo plagado de juveniles.
En el 2021 heredó la 16 de los históricos Hernán Barcos y Claudio Bieler. No lo hizo mal. Marcó una decena de goles, se consolidó como titular y en este 2022 migró a Argentina para jugar en Newell’s Old Boys, el club donde pasó Diego Armando Maradona y donde dio sus primeros pasos un tal Lionel Messi.

Su visión de juego y su actitud en la cancha lo hicieron candidato para ser seleccionado. Con la Tri ya tuvo minutos. Primero en amistosos y luego en eliminatorias. Saltó a la cancha ante Venezuela y jugó 64 minutos y estuvo en la banca ante Brasil y Perú. Reasco soñaba con llegar a la Selección. De hecho una lesión le privó de jugar el Sudamericano Sub 20 del 2019 y el Mundial de ese año y categoría, en Polonia. Ahora tiene su revancha.
Su plan es mantener regularidad para entrar nuevamente en el radar de Alfaro y ser tomado en cuenta para el Mundial. De suceder esto, sería la primera vez que padre e hijo ecuatorianos que disputan una Copa Mundial.

