Detrás del entrenador, del profesional, hay una persona. Un ser humano. A Gustavo Alfaro, el técnico de la Selección, le preguntaron en Paraguay qué diría su madre (+) , ahora, que está a horas de confirmar la clasificación a Catar. El profe se conmovió. Su mamá, fallecida hace 34 años, le dejó innumerables enseñanzas de vida. Él se las transmitió a sus hijas Agustina y Josefina. “Ella siempre me decía que no hay sensación más placentera que la del deber cumplido. Me sonreiría y me daría un abrazo”, dijo antes del partido del jueves 24 de marzo.
Ecuador ya está en el Mundial. La misión está cumplida. Falta la oficialización del viaje a Catar, que incluso puede darse si la Tri pierde con Paraguay y Argentina. Alfaro cumplió con Ecuador. Lo hizo con herramientas dadas en casa: heredó de sus padres, el gusto por el trabajo, la cultura del esfuerzo, el sacrificio.

Lleva 31 años como entrenador. En septiembre cumplirá dos años como técnico de Ecuador. Esta es su primera experiencia como seleccionador y ha sido un rotundo éxito: no solo que la Tricolor vuelve al Mundial, sino que lo hace con una sorprendente base de jugadores jóvenes. Los Hincapié, Caicedo, Plata tienen edad para jugar al menos dos o tres eliminatorias más. Además, Ecuador pudo ponerse en el camino eliminatorio solo por detrás de Brasil y Argentina. Todo un hito. El trabajador Alfaro, hijo de un exdirigente de ferrocarriles y una profesora de escuela rural pudo lograrlo.
El seleccionador ecuatoriano no celebra los goles en la cancha. Dice que es una práctica que cultivó hace mucho. Según su lógica, un técnico es un estratega, un mariscal que requiere cabeza fría para leer los momentos del partido. Pero, detrás de aquella imagen supuestamente gélida, hay un sentimental. Un hombre que aún recuerda las enseñanzas de mamá, al que se le quedaron muchos ‘te quiero’ por decir.

Hay un video viral de Alfaro recordando una anécdota de pequeño. A su madre le detectaron un tumor maligno. Él tenía 9 años y desde entonces, era un ávido lector. A sus manos llegó un cuento de un niño que intenta que su madre no se muera. En el relato, el niño escucha al médico decir : “cuando el otoño acabe, ella morirá”. Por eso, el protagonista del cuento intenta amarrar con un hilo las hojas de los árboles. Alfaro recordó el cuento y quiso amarrar un árbol para que su madre no muriese. Ella pudo vencer la enfermedad, pero murió años después, en un accidente. Concretamente en 1988. No pudo ver a su hijo como entrenador.
Alfaro es un hombre de familia. Su esposa se llama Daniela y es padre de Agustina y Josefina. En Argentina contó que uno de los mejores regalos que recibió en el Día del Padre ocurrió mientras dirigía a Arsenal de Sarandí. Sus hijas fueron al estadio a apoyarlo. Llevaron un cartel con la leyenda: eres el mejor papá del mundo.
El seleccionador ha sido una suerte de padre para Hincapié, Caicedo, Plata, Franco, Sarmiento. Les ha inculcado a los futbolistas la cultura del esfuerzo, la necesidad de anteponer los intereses grupales a los particulares. Eso se lo enseñó mamá, quien desde muy lejos mira a su Gustavo triunfar.

