A finales del 2018, Luis Segovia entraba al complejo de Sangolquí de forma discreta. El día que firmó su contrato, Ronaldo Nazario llegaba a un acuerdo con la dirigencia del Independiente del Valle para llevarse a Stiven Plaza al Real Valladolid.
Fueron dos negociaciones importantes por lo que representaban. La primera era un fichaje de un jugador que terminó siendo importante y el segundo la exportación de uno más de su cantera.
Segovia llegó por pedido del DT Ismael Rescalvo, pero terminó de consolidarse con Miguel Ángel Ramírez. El técnico oriundo de Gran Canarias sacó lo mejor del exjugador de El Nacional. Lo hizo jugar de lateral, de volante de corte y de zaguero central, su posición natural.
Fue un proceso complejo, pero satisfactorio. Ganó la Copa Sudamericana y fue convocado a la Selección Sub 23 que disputó el Preolímpico en Colombia.
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“No me costó pasar a ser lateral. Ya lo había hecho en las formativas de El Nacional”, aseguró Segovia.
En su casa instaló un gimnasio improvisado y algo rústico para trabajar. Usa pesas de concreto y una llanta de camión para ganar fuerza en sus piernas. Lo aprendió en Tumbaco y poco a poco ha llevado ese conocimiento a Sangolquí.
“En formativas usábamos llantas y eso nos ayudaba en la fortaleza muscular. Yo aún lo practico en mi casa”, afirma.
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Segovia también encontró su fuerte en los videojuegos. Representó en el 2020, en plena cuarentena, a su club en torneos internacionales virtuales. Incluso tiene un proyecto de un equipo de E-Sports.
El emprendimiento está tomando fuerza mientras sueña con jugar su tercera final con los rayados. Ya lo hizo en la Sudamericana y Recopa. Ahora le puso el ojo a la LigaPro.

