Víctor Figueroa, el crack del Aucas, se mueve al ritmo del folclore

En los tiempos libres que le deja el fútbol, Víctor Figueroa desempolva su guitarra acústica, se sienta en la sala de su casa y entona piezas clásicas del folclore argentino. La música es su segunda pasión y aunque reconoce que no es un buen cantante, hace bailar a su hijo y esposa. El 10 de Papá Aucas encontró en la música una válvula de escape a su estrés. Se divierte con las canciones que le enseñaron de niño y que ahora quiere transmitirla a los suyos.

Con cierta vergüenza se reconoce como un músico apasionado. Era su secreto mejor guardado hasta que ÁREA CHICA pudo conversar con él.

“Después del fútbol, lo que más me gusta es cantar y tocar la guitarra. Vengo de una familia en la que todos son músicos. Gracias a Dios uno también tuvo ese don y en los restos libres trató de agarrar la guitarra y cantar acá con la familia”, dice algo sonrojado el cerebro de Aucas.

En el club saben de sus dotes artísticos, pero evitan molestarlo. Reconocen a Figueroa como uno de sus líderes y por eso se ha ganado el respeto de sus compañeros. Con 38 años, en sus planes no está dedicarse a la música y mucho menos armar una banda de música folclórica. De hecho, retirarse no está en sus objetivos cercanos, porque se siente en forma. El entrenamiento y la dieta que ha llevado en toda su carrera han tenido un efecto positivo. En el club aseguran que él, siendo el más experimentado, es de los que más corre y pelea por el balón.

En una de las habitaciones de su casa montó un gimnasio improvisado. Le gusta mantenerse y cuidarse en todo lo que esté en sus manos. Alargar su carrera deportiva se volvió una obsesión y aunque pareciera que el inclemente tiempo avanza, Figueroa aún se siente como un joven. No con el mismo físico, pero sí con las mismas o más ganas que los que están empezando. “Desde que era niño mi padre siempre me dijo que si quería algo más en el fútbol debía concentrarme en trabajar por mi cuenta, a parte de lo que se hace en el club”, dijo Figueroa.

Hasta su dieta cambió. Desde hace cuatro años dejó de comer asados, aunque a veces peca en ese aspecto. Ahora se concentra por mantenerse vigente y logra que el equipo se mueva a su tonada, a su ritmo.