Yerry Mina tiene una característica singular. Es un bailarín consumado. A veces mejor bailarín que futbolista. Cada vez que se lanza a sus incursiones ofensivas mete peligro por su gran altura y su buena lectura del juego. A los ocho minutos de adición del partido entre Ecuador y Colombia, el defensa del Everton heló la sangre de los hinchas ecuatorianos. En un revolú en el área metió el 1-0 y desató la locura. E hizo lo previsible: se fue a bailar en la esquina con Juan Guillermo Cuadrado. Pero todo se fue al diablo cuando el árbitro Roberto Tobar anuló la acción.
Mina quedó en evidencia. Le llovieron los memes, las parodias. Fue la cara de la frustración, luego de aquella tremenda exhibición de baile. Pero, más allá del acto caricaturesco, el defensor es importante, determinante para el equipo cafetero, que como Ecuador, busca su chance para ir a la Copa del Mundo.
El zaguero fue uno de los jugadores sensación que dejó el Mundial de Rusia, sus goles y sus bailes pusieron a vibrar a Colombia. Mina forzó el tiempo extra ante Inglaterra por los octavos de final del Mundial de Rusia. El tanto no sirvió de mucho ya que el equipo de José Néstor Pékerman quedó eliminado en los penales ante el equipazo de Harry Kane que llegaría a semifinales, pero le dio esperanza por un momento a todo su país. Así, de sorpresa y llegando al área, venció al portero Jordan Pickford.
De sorpresa también llegaba Mina a sus entrenamientos cuando era niño. Su madre, Marianela González, cuenta que cuando lo inscribieron en una academia que empezaba a las 4 de la tarde, el menor estaba listo tres horas antes. Su pasión por el balón iba más allá del límite. “Yo siempre quise que estudiara medicina, pero me decía ‘no mamá, a mí me gusta el fútbol. Yo voy a luchar por ser futbolista’ me decía. Yo le veía más caro de doctor que de otra cosa. Hasta mi padre le decía de apodo ‘caredoctor’. Era muy inteligente en el colegio y siempre quise que desarrollara algo más profundo”, recuerda su madre.
Su infancia fue más que dura, a palabras de su padre, quien reveló que en un inicio él era el soporte de su familia, pero al ser despedido del municipio en donde trabajaba, el futuro futbolista tomó la decisión de trabajar y ganar algunas monedas haciendo mandados de un lugar a otro en su bicicleta. Ganaba 500 pesos y eso ayudaba para solventar sus pasajes.
Con cinco años, Mina formó parte del equipo de su localidad (Cauca) y se veía a sí mismo como un gran portero. Le gustaba ver cómo los arqueros hacían atajadas imposibles, por lo que se presentó para ser el ‘1’. Sin embargo, su entrenador Seifar Aponzá lo mandó al arco y vio que, bajo palos, dejaba mucho que desear. En su primer partido le metieron cinco goles y eso bastó para que lo cambien de posición, sin saber que iba a ser una decisión clave de cara a su futuro como futbolista profesional. En el colegio era más que aplicado. Sobresalía con buenas notas y ello era el pretexto perfecto para que nadie le diga “no” a la hora de dedicarle tiempo al balón. Sus maestros revelaron que hacía hasta lo imposible para que lo dejen salir antes de clases para irse a jugar.
El Deportivo Pasto lo acogió, lo vieron un par de partidos y le dijeron para contrato. Con 17 años, a poco de la adultez, su sueño empezaba a cristalizarse. Con 1,95 metros de altura metía miedo, pero no gozó de muchas chances en un inicio. Hasta pensó en cambiar de equipo, pero no fue hasta el 20 de marzo de 2013 en que su técnico Flabio Torres le dio la chance para debutar. Así, contra Deportivo Cali, el mundo del fútbol lo dio a conocer.
Independiente Santa Fe lo llevó a sus filas y posteriormente, en 2016, fue presentado a lo grande con la camiseta del Palmeiras de Brasil, en donde se llevó el Brasileirao y fue considerado uno de los mejores defensores del torneo local. Sus tremendas actuaciones, que lo llevaron a ser llamado para la Selección de Colombia, hicieron que nada más y nada menos que el mismísimo Barcelona lo tenga en sus planes. El Camp Nou se convirtió en su casa en enero de 2018.
Sin embargo, Mina vivió momentos de mucha tristeza en territorio catalán porque consideró difícil ver jugar a sus compañeros por televisión, como ocurrió en repetidas ocasiones en las que no fue convocado a los partidos del equipo español. En su primera temporada, el central nacido en el municipio de Guachené sólo jugó seis partidos oficiales durante sus primeros seis meses en el Barcelona.
Varios equipos habían mostrado su interés por el jugador. Mina no entrenó el 7 de agosto de 2019 con el Barcelona, aumentando los rumores de salida y el 9 fue traspasado al Everton de la Premier League por 30 millones de euros. Luego de pasar varios meses sin jugar por una lesión, su debut se dio el 3 de noviembre frente al Brighton & Hove. Desde esa fecha, Mina se instaló en el cuadro inglés. Con el equipo que reside en Liverpool ha disputado 83 partidos y ha marcado seis goles en cuatro temporadas.

